Petróleo y felicidad

11 de mayo.

De acuerdo con el último reporte del Consejo Profesional de Ingeniería de Petróleos -CPIP, de octubre de 2019, en el país tenemos 11.437 ingenieros de petróleos, de los cuales casi el 42% se encontraba desempleado, el 49% trabajaba en la industria y el 8% restante en otros sectores.

Estos profesionales, que son el soporte de una de las industrias más importantes del país, no han navegado en ríos de riqueza como algunos han querido hacer ver y que poco menos de la mitad de ellos, han estado sometidos tradicionalmente a un alto índice de desocupación. Nótese que las cifras corresponden a un año en el que no teníamos ninguna de las dos crisis que hoy nos alertan.

La crisis pasará y las industrias se recuperarán, pero la tradición indica que la fuerza laboral siempre es la más afectada con el derrumbe de los precios del crudo. El impacto será aún peor para las empresas proveedoras de servicios, porque de acuerdo con la ACP podrían despedir al 72% de su personal.

Es muy importante que las empresas del sector entiendan nuestras circunstancias como profesionales de la industria y, a la sazón de lo que han hecho muchos sectores en el país, extiendan su solidaridad con las familias colombianas que han sido responsables de muchas de sus bonanzas.

El Estado debe revisar nuevas reglas de juego, desde las condiciones de contratación hasta los riesgos legales, de manera que, en medio de entornos difíciles de prever y contener, haya más garantías para la inversión.

Ahí es importante reducir costos de transporte, en procura de alivios para la movilización de crudo y refinados en todas sus formas. La coyuntura demanda aplazar compromisos tributarios que podrían ser onerosos frente a ingresos limitados e, inclusive, suspender aportes parafiscales.

Los créditos blandos que se han extendido a varios sectores deben cubrir también a nuestro sector. En la agenda deben incluirse, como nosotros lo vemos: la flexibilización de compromisos de los contratos E&P y reiniciación de operaciones en corto plazo. 

Sin menoscabo de los derechos de la población, creemos que el momento amerita concertar con comunidades, para permitir traslados a las áreas de operación y reducir tarifas de servicios locales logísticos contratados.

Lo que deja esta doble crisis, sin embargo, son lecciones contundentes que bien podrían ser definitivas para el mundo, y para nosotros como parte él. En efecto hay nuevos paradigmas y la solidaridad, que era una variable circunstancial de la RSE, es hoy un elemento sustancial de todas las organizaciones, desde la más básica como la familia, hasta las macro estructuras del Estado global. La solidaridad no es un asunto de donaciones sino de responsabilidad con los profesionales.

Los ingenieros de petróleos debemos estar preparados para los retos que dejarán planteados estos tiempos. Aquí cambió todo: las formas de remuneración, el espacio físico, las modalidades de producción, las responsabilidades individuales y colectivas.

Porque el fin último de la relación de las compañías operadoras y de servicios con todos sus colaboradores, podría ser más que generar márgenes de utilidad, la felicidad, que debe tener un índice como lo tienen las ganancias o la eficacia productiva.