Tendencias de la industria petrolera global y propuestas para Colombia Parte II

La tendencia a reestructurar el sector petrolero a nivel global Las tendencias de la industria global de hidrocarburos han llevado a las empresas petroleras estatales más grandes de Medio Oriente, incluidas Saudi Aramco y la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dhabi[4] (ADNOC) a tener planes de vender más activos a los inversores, para monetizar las participaciones en sus diversos negocios Midstream y Upstream principalmente. El gigante de Arabia Saudita Aramco[5] considera las ventas de parte de los activos Upstream[6] y Midstream, incluidos sus gasoductos y participaciones en refinerías y plantas de energía. La tendencia a reestructurar el sector petrolero a nivel global se ha diseminado llegando a diversidad de países en los 5 continentes: Midstream en China[7], Downstream en Brasil[8], Upstream[9] en Nigeria, Upstream[10] en Angola, Upstream[11] en Malasia, en el espacio de unas pocas semanas este 2021, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán y Kuwait han acelerado planes multimillonarios para vender activos energéticos o emitir bonos con ellos, todo en pro de mayor competitividad y más transferencias de riqueza de estos recursos a sus sociedades en un entorno global cada vez más desafiante. El área que más desconcentración ha experimentado del sector en el mundo es el midstream, sin una correcta estructura general esta parte de la cadena puede actuar como un captador de impuestos de las productoras privadas a las empresas estatales petroleras, lo que evita mayores niveles de producción, regalías, inversiones y en general hace que el área upstream de las empresas estatales petroleras no avance restándole competitividad y haciéndola cada vez más dependiente de esas rentas reguladas, lo que evita que las tarifas disminuyen o sus precios no tengan consideraciones de mercado, en general en el mundo a ninguna empresa estatal petrolera le ha funcionado tener activos de oleoductos para su competitividad a largo plazo, y su concentración en estas empresas se manifiesta como una condición que hace que el costo del transporte no pare de subir impactando el upstream, estas consideraciones fueron tomadas en cuenta para escindir los activos de transporte en países como Ecuador, Brasil, Rusia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, y Noruega[12], entre otros con claros beneficios generales a sus sectores. Noruega es el país que más clara política tiene sobre la desconcentración del midstream, destacando la política general midstream de la Dirección de Petróleo de Noruega: “Para promover una buena gestión de los recursos, las tarifas se deben establecer de manera que los beneficios de la producción de petróleo y gas se deriven principalmente de los campos de producción, mientras que al mismo tiempo proporcionen un rendimiento razonable de la inversión para los propietarios de la infraestructura. Esto evita una situación en la que los proyectos de desarrollo de campos y descubrimientos que son rentables para la sociedad no son comercialmente viables porque el costo de usar el sistema de transporte es demasiado alto”. La desconcentración del Downstream es menos clara en su efecto global, pero se destaca principalmente su efecto en China, donde las refinerías de petróleo independientes chinas como China National Chemical Corp. y empresas estatales petroleras como hem Hongrun Petrochemical Co[13], han mostrado resultados muy por encima de sus pares estatales, inclusive llegando con su desempeño a afectar el precio de derivados local con beneficio a los consumidores e industria, y el mercado global por sus crecientes niveles de carga, eficiencia, exportaciones y tasas de procesamiento. No hay que ir muy lejos, a nivel Latinoamérica, el caso de Brasil vía Petrobras con venta de activos downstream y de distribución de gas natural y Ecuador[14] con una restructuración general del sector con el nuevo gobierno y su Ley de Hidrocarburos, para delegar a compañías privadas y extranjeras los campos que hoy son operados por la estatal Petroecuador y contratos a producción compartida son políticas en línea con la tendencia global del sector. Menos exitosas han sido las políticas implementadas en México con Pemex[15] y PDVSA en Venezuela, que han tomado el camino contrario al mundo, con estatización masiva y monopolios intersectoriales, recibiendo los resultados de dichas políticas claramente fallidas desde su base misma como crisis y pérdida de la seguridad energética. ¿Qué puede aprender Colombia de ello? En general el modelo de estructura concentrada en empresas estatales petroleras se ha manifestado como decadente y agotado, y apoyar la estatalidad del sector irónicamente no ha ayudado a la gente del común, sino a los políticos que siempre han sabido cómo capturar rentas del estado, el efecto de la estatalidad empresarial es claro, la tendencia global también y esta es desconcentrar el sector y sumarle incentivos comerciales vía socialización de acciones y/o competencia a los monopolios intersectoriales actuales, esto también mejora la transparencia, ya que aunque teóricamente el efecto de la competencia sobre la corrupción es ambiguo, “las rentas inducidas por la falta de competencia en el mercado fomentan la corrupción”. En Colombia aunque ha mejorado en algunos indicadores el desempeño asociado con los mercados de capital privados de Ecopetrol S.A, esta no ha escapado de los inconvenientes globales vistos naturalmente por su condición de empresa estatal petrolera con alta concentración en diversos mercados. Sumado a los ya famosos casos de Reficar, Bioenergy, Agrocascada, PetroTiger, entre otros. El país actualmente importa crecientemente gas natural, derivados como gasolina, diésel y GLP principalmente, con efectos en sus precios. El asfalto tiene aumentos de precios unilaterales, hay un fondo de estabilización de combustibles que supera en déficit varias reformas tributarias, Ecopetrol S.A tiene altos niveles de deuda respecto a sus pares, la calidad del aire en las ciudades se ve afectada por la calidad de combustibles. Inclusive la confiabilidad en la disponibilidad de hidrocarburos ha quedado entre dicho con los últimos casos de fallas en Reficar S.A (que dejó la Costa Atlántica sin líquidos), y mantenimientos y/o accidentes en activos de gas natural en Piedemonte (que puso en racionamiento el interior del país), ni que decir de los índices de desempleo entre ingenieros de petróleos nacionales, que superan el 55% mientras la participación de ingenieros extranjeros en Ecopetrol S.A es cada
Tendencias de la industria petrolera global y propuestas para Colombia Parte I

Dada la importancia del sector O&G para tantos países, los anuncios de cambios en su estructura se convierten en una medida de cómo se está moviendo la expectativa de las sociedades para enfrentarse tanto a los retos de sostenibilidad financiera, energética y caminos de transición. En esta columna de dos partes abordaré las tendencias de la industria petrolera global desde sus antecedentes, casos de éxito (Parte I), la tendencia a reestructurar el sector petrolero a nivel global, ¿qué puede aprender Colombia de ello? y finalmente una serie de propuestas para el país (Parte II). El último año fue uno sin precedentes y sumada a la creciente preocupación ambiental y de políticas respecto al cambio climático, también se le sumaron las crecientes preocupaciones por la estructura del sector de las principales economías minero-energéticas con exposición a recursos hidrocarburíferos, esto consistente con el creciente consenso global de que hay muchos problemas macroeconómicos[1] con la existencia de empresas petroleras estatales nacionales bajo el control de los gobiernos-NOC (National Oil Companies en inglés), entre muchas razones podemos resumir las principales: Está documentado que el aumento de la propiedad del gobierno hace que las empresas sean menos eficaces para generar ingresos a partir del empleo y las reservas. Muchos países han visto estancadas sus reservas, producción y empleos asociados al sector. Las relativas ineficiencias técnicas de las empresas estatales petroleras: “son en gran parte el resultado de que los gobiernos ejercen control sobre la distribución de las rentas”. Cada vez se usan más las empresas estatales petroleras con fines políticos e incluso con alcances internacionales geopolíticos. El flujo de caja y las reservas de producción, si bien son más altos en los períodos de tiempo iniciales para las empresas estatales petroleras, todos son más bajos en relación con el caso eficiente a más largo plazo. 2020 se manifiesta como un escenario de largo plazo para políticas previas de nacionalización de recursos de la primera mitad del siglo XX. Las estructuras para la organización y regulación de las empresas estatales petroleras minimizan el impacto comercial de los objetivos no comerciales en la capacidad de una empresa estatal petrolera, para concentrarse de manera eficiente en sus negocios principales. Muchas empresas estatales se han acometido a inversiones billonarias todas a pérdidas en sectores como biocombustibles y refinerías sin criterios claros comerciales, afectando de manera clara la eficiencia en sus negocios principales. Será menos probable que una empresa estatal petrolera pueda producir tanto como lo hubiera hecho si hubiera sido una empresa privada, que pudiera operar sin la interferencia del gobierno en su toma de decisiones. La disparidad de eficiencia operativa y financiera es incluso más determinada si se considera que en todos estos países los estados modernos no necesariamente necesitan empresas estatales para capturar rentas del sector O&G, la participación de los gobiernos en la utilidades del sector para el ciclo completo del petróleo en países como Colombia, Ecuador, Bolivia y Venezuela, por ejemplo, superan el 75%[2] aún sin necesidad de la existencia de las empresas estatales petroleras. El hecho de que las empresas estatales petroleras se creen para lograr objetivos que el mercado no logró, genera grandes tensiones en mercados emergentes, con efectos secundarios potencialmente severos (venta de armas, alianzas, etc). La interferencia de los gobiernos anfitriones en las operaciones de las empresas estatales petroleras por parte de políticos y otras comunidades localizadas, ha tenido y tendrá un impacto sustancial a largo plazo en el desarrollo de recursos y la riqueza nacional. Las ineficiencias de las empresas estatales petroleras se trasladan a sus sociedades principalmente los más vulnerables, al tener una creciente concentración en diversas etapas de la industria, destacando la producción de gas natural y crecientes déficit públicos asociados al efecto de decisiones poco comerciales. El análisis econométrico ha concluido que: “el predominio del bloque de acciones propiedad del Estado tiene un efecto negativo sobre las características de desempeño, y su incremento está asociado a un aumento de la carga de la deuda de las empresas”. Las empresas estatales son de las más endeudadas del mundo, sobresaliendo Pemex y otras latinas, los resultados muestran que las compañías petroleras internacionales superaron a las petroleras nacionales en una clara atracción de valor, mientras que el valor combinado de las primeras aumentó en un promedio del 9% desde 2013, el valor de las principales empresas estatales petroleras cayó un 15% e incluso más año tras año. La excesiva burocracia determinista deteriora el potencial de crecimiento, a través de la redistribución de ingresos y las ineficiencias del sector público. El creciente poder de sindicatos y su asociación con grupos extremos políticos de orillas diversas ha perjudicado y vuelto inflexible el mercado laboral, con efectos en creciente desempleo principalmente para jóvenes. La reducción de las inversiones de las empresas estatales petroleras tiene como efecto directo la reducción de ingresos en las empresas de bienes y servicios petroleros OFS (Oil Field Services en inglés), vía las tarifas y por lo tanto disminuyendo el empleo neto en el sector. Típicamente las OFS generan más empleos al mismo nivel de inversión en capital que las empresas estatales petroleras, además de transferencias de tecnologías, capacidades prácticas principalmente a niveles regionales. Desde una perspectiva global, hay pocas dudas de que la inyección de política en este mercado deja a todos peor de lo que podrían estar de otra manera. Esto, debido al gran número de empresas públicas y privadas de tamaño similar, que pueden ser analizadas para explorar las diferencias entre las empresas privadas y estatales en negocios relacionados. La situación anterior no es nueva, durante las tres últimas décadas ha habido cambios sustanciales en las composiciones de los sectores y empresas estatales de los principales países petroleros del mundo, el ejemplo clásico es el caso de Rusia que podemos resumir a continuación: País Empresa Composición accionaria Rusia Rosneft Estado Ruso (50%) BP (19.75%) CEFC China Energy (14.16%) Bolsa de valores de Moscu (10.38%) Fondo Soberano de Qatar y Glencore (5.34%) Gazprom Estado Ruso (50.23%) Banco de New York Mellon (16.7%) Otros privados (33.07%) El
¿Por qué el Hidrógeno está de moda?

La crisis energética que vivimos a nivel mundial está dejando puntos a ser considerados en la ruta hacia la descarbonización. El primero y más notorio es la importancia de los combustibles fósiles en una canasta energética balanceada para las próximas décadas. El segundo es lograr una transición responsable, en donde las energías renovables alcancen la confiabilidad que se les exige y a unos costos competitivos. Y el tercero es cumplir con el gran objetivo de disminuir significativamente las emisiones acordes con los límites establecidos. Ahora bien, hablando de las no emisiones surge el hidrógeno como la gran apuesta para lograr este objetivo, el cual está clasificado con colores. El hidrógeno gris es el obtenido del gas natural, como subproducto del metano y el cual también se puede obtener como subproducto de los procesos de refinación del petróleo, con costos relativamente bajos. Por otro lado, el hidrógeno azul es el que se obtiene de la captura del C02 emitido en el proceso de generación del hidrógeno gris. Es costoso y se encuentra en etapa de desarrollo. De acuerdo con expertos, el proceso de captura está alrededor del 30% en los proyectos más avanzados. Por tanto, es claro que tanto el hidrógeno gris como el azul se obtienen de los combustibles fósiles y aquí regresamos al primer punto mencionado, la importancia de estos combustibles en la canasta energética. Ahora, el hidrógeno verde, es obtenido de la electrólisis del agua al separar el hidrógeno y liberar el oxígeno. Este no genera gases efecto de invernadero (GEI), porque la energía requerida proviene de energías renovables. Es el más costoso y se encuentra en proceso de investigación. Su eficiencia según expertos no alcanza el 50%. Sin embargo, lo que se ha visto hasta el momento es que en la búsqueda de un proceso acelerado de no emisiones se están dejando de lado opciones tales como la eficiencia energética, la reducción del consumo, la electrificación de la demanda o la reforestación. En un reciente informe del Foro Económico Mundial y Boston Consulting Group, fueron analizadas ocho industrias con las cadenas de suministro globales más intensivas en carbono, y que juntas representan un buen porcentaje de las emisiones totales de GEI en el mundo dentro de las cuales se destacan: alimentación (-25%), construcción (-10%); moda, transporte de mercancías y bienes de consumo doméstico (-5%). ¿Será que los detractores de la industria del petróleo lo tendrán claro? Pareciese que la falta de un plan estructurado y responsable de transición energética está pasando factura. Hoy más que nunca la necesidad de los combustibles fósiles se ha hecho notoria y ya se escuchan voces de posibles racionamientos de energía antes del invierno. Estamos viviendo una situación llena de contradicciones en donde se está forzando algo insostenible, para alcanzar una descarbonización con tecnologías que aún no están disponibles al nivel requerido. El hidrógeno surge como uno de los combustibles llamados a la disminución de los GEI, la pregunta es ¿en cuánto tiempo? Aún hay mucho camino por recorrer y tanto su eficiencia como sus costos competitivos son algunos de los grandes retos por alcanzar. Esperemos que esto no sea solo un tema de moda. Óscar Díaz Martínez Presidente JD Acipet.
Climate Change, Energy Coexistence And Gas

Climate change is a real threat to our planet, and if humanity does not change the appetite for industrial growth, then we should significantly reduce carbon emissions to avoid potentially harmful results for the world. However, this transformation process should not be done suddenly, it is a matter that must be fully defined in all its dimensions and impacts on the sustainability of the planet and its human, environmental and economic pillars, which are of equal value for the future. of the planet. To significantly reduce carbon emissions, there are great challenges and also the danger of rushing without planning and rigorously implementing this transition process that the market is not recognizing, and we could reach a point where the potential perfect medicine is worse than disease. Particularly when the market is targeting falsely instant renewable energy solutions. Recently, the State of California (USA), the fifth largest economy in the world, after having made the decision with great fanfare to supply the state’s energy demand with solar energy, has been forced to open five natural gas plants to abolish the Potential risk of total system blackouts, which would have very negative consequences for the entire State and its population. Therefore, if these dangers materialize, they would have very critical effects as they do not have a reliable energy basket. Talking about a sustainable energy transition goes beyond a change in the energy source and stop, in the short term, using fossil resources. The reason why the world still needs oil and gas, where total abandonment in the use of these resources cannot be claimed, is that according to the University of Oxford, for the year 2019 the consumption of oil and gas represented 30.93% and 22.67% respectively in the total available primary energy consumed, while solar, wind and hydroelectric energy generated 9.1% of the total. Regarding the future of the hydrocarbon industry, while Goldman Sachs points out that the demand for oil will grow until at least 2030, the International Monetary Fund assures that it will reach its peak around 2040. From this perspective, a period is an estimated transition from liquid fuels to only gas, which could last many more years as renewable energies mature in their technical, environmental and economic dimensions. Having said that, the quote from the US Energy Information Administration stating that liquid fuels will account for roughly 35% of total US energy consumption in 2050, compared to 37% in 2019, is surprisingly surprising. , a very marginal decrease. The transition to renewable energy will require a very critical intensification in the extraction of rare earth metals and minerals, with real environmental and social costs that could impact the planet more lethal than current levels of CO2 emissions. This is why it is vitally important to think in the sense of energy sustainability for the world and for our country in particular, from the coexistence between hydrocarbons and renewable energy sources, and not from the elimination of one of these. Each country has very particular circumstances in its energy baskets, types of industry, challenges, risks, emissions and in its economies in general. Therefore, applying the same model of methodology and schedule for the energy transition in all countries can be as wrong as not recognizing that the energy transition has already begun and is here with all the implications that it entails. There is a very clear correlation between economic growth, primary energy consumption and increased C02 emissions. As our country continues its economic development, it is to be expected that primary energy consumption will increase and emissions will increase. Colombia already has a very clean energy matrix, since 25% of primary energy consumption comes from renewable sources such as hydroelectricity. In the world, the point of arrival for many countries is to have a cleaner energy basket as we have today in our country. According to the EIA, Colombia produces 0.25% of primary energy emissions in the world, with 0.6% of the world population. So cutting this amount in half, as many claim, could move the needle on this Global KPI a little bit, but it would substantially restrict the country’s ability to grow and develop. Colombia produces 290M Teq per year of CO2, of this amount, 30% comes from the energy sector, the other 70% comes from other industrial sectors such as agriculture, livestock, forestry and other land uses. Ecopetrol in its recent report on energy transition and decarbonization states that, between 2010 and 2020, it has managed to reduce emissions by 8.4M Teq of CO2. The Government has committed to reducing 170M Teq per year of CO2 by 2030, compared to almost 291M Teq of CO2 per year in Colombia in 2020, and does not clearly establish how it will get there. The questions would be: In what way will we grow as a country with respect to 2020? What will be the impacts on national sustainability to achieve it? Will we apply the same type of emission reduction measures that are thought to be applied in the Colombian hydrocarbon industry in all other sectors of the country? It is critical that the energy industry participate in this discussion, because this sector is a fundamental pillar for the growth of the national economy, and also, it is the main protagonist of sustainable energy coexistence towards a better future for Colombia. Therefore, we must consciously and responsibly safeguard and accompany the current energy transition. It is clear then that, for many years, hydrocarbons will be a large part of the energy basket worldwide, that the sector is and will be the protagonist of the energy transition and that gas will be the longest-lived hydrocarbon in this transition, not only because of its characteristics. current, but because of this being also the raw material for a clean fuel with a high energy capacity such as hydrogen. In the world, proven gas reserves are 6,642 trillion cubic feet (TPC). The Middle East being made up of Iran, Iraq, Israel, Kuwait, Oman, Qatar, Saudi Arabia, Syria,
¿Qué es la transición energética?

Hay dos palabras: transición energética, las cuales no han dejado de pronunciarse en la última década. Sin embargo, ¿realmente tenemos claro cuál es su significado y en qué contexto se utiliza? La transición energética es “un cambio estructural a largo plazo en los sistemas energéticos”, a lo cual también se le conoce como descarbonización del sistema energético. Esta segunda definición es muy clara e involucra una variable que juega un papel muy importante y es el largo plazo. Sin embargo, las transiciones no se dan de la noche a la mañana y requieren de un modelo estructurado. La primera transición energética data del siglo XIII con el reemplazo de la leña por el carbón, necesidad que se da por temas económicos. Hoy en día, el tema en los medios de comunicación es la escasez de gas en Europa y como consecuencia el aumento en los precios del carbón y del petróleo. Esto no es ninguna sorpresa, más cuando los países desarrollados han expresado su voluntad de migrar hacia energías renovables, con metas restantes para la reducción de la huella de carbono. El problema, es que para ellos su apuesta no ha considerado planes alternativos, que permitan cubrir sus necesidades. Era más que obvio que la demanda de energía post-pandemia sería muy fuerte y hoy observamos que, el mercado no se ha podido adaptar a esta condición. La oferta no es suficiente y países como Holanda han pensado en reabrir uno de sus campos de gas, cerrado por su lineamiento de migrar hacia otras fuentes de energía para suplir la demanda. Hasta hace poco, el campo de gas más grande en Europa “Groningen” se cerraría por completo para 2023. Sin embargo, con la situación del sector energético europeo este campo sigue siendo necesario, dado que la actual crisis podría tener graves consecuencias para las economías de la Unión Europea. Esto no es más que una muestra de la falta de realismo de los países desarrollados en cuanto a los riesgos de una transición energética. Ahora, el precio del gas a nivel mundial aumentará la demanda del carbón y del petróleo en el invierno. Un cambio de gas a petróleo, más la recuperación continua de su demanda mundial, hacen que se pronostiquen precios de US$80 e incluso US$90 este invierno, y quizás US$100 por barril a fines de 2022. Con respecto al carbón, se espera un precio promedio de US$190 por tonelada de la referencia de Newcastle en Asia, para el último trimestre del año. Como la geopolítica juega un papel determinante, si la tendencia alcista de los precios continúa, la reunión mensual de la Opep+ podría aliviar los recortes a partir de noviembre en unos 400.000 bpd por mes buscando una estabilización. De toda esta situación, Rusia se ha posicionado muy bien y con movimientos estratégicos tiene el poder y los recursos para ser determinante en esta mini crisis energética. Todo cambio es posible, pero requiere ajustarse a las condiciones del entorno. ¿Acaso ya se olvidó lo ocurrido en Texas a finales de febrero de este año?, como dice una frase del poeta George Santayana: “Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”. Es el momento entonces de poner en práctica lo aprendido y no forzar a que en el corto plazo suceda lo que no está diseñado para que así sea. Óscar Díaz Martínez Presidente de la Junta Directiva de Acipet Conoce nuestra columna de opinión aquí
Cambio climático, coexistencia energética y gas

El cambio climático es una amenaza real para nuestro planeta, y si la humanidad no cambia el apetito por el crecimiento industrial, deberíamos entonces reducir significativamente las emisiones de carbono para evitar resultados potencialmente dañinos para el mundo. No obstante, este proceso de transformación no debe hacerse de forma súbita, es un asunto que debe estar plenamente definido en todas sus dimensiones e impactos en la sostenibilidad del planeta y sus pilares humano, ambiental y económico, que son de igual valor para el futuro del planeta. Para reducir significativamente las emisiones de carbono, existen grandes desafíos y también el peligro de precipitarnos sin planear e implementar de forma rigurosa este proceso de transición que el mercado no está reconociendo, y podríamos llegar a un punto en el que la potencial medicina perfecta sea peor que la enfermedad. Particularmente, cuando el mercado apunta a soluciones de energía renovable falsamente instantáneas. Recientemente, el Estado de California (EUA), la quinta economía del mundo, luego de haber tomado la decisión con bombos y platillos de suplir la demanda energética estatal mediante energía solar, se ha visto forzado a abrir cinco plantas de gas natural para abolir el riesgo potencial de apagones totales del sistema, que tendrían consecuencias muy negativas para todo el Estado y su población. Así pues, de materializarse estos peligros tendrían efectos muy críticos al no tener una canasta energética confiable. Hablar de una transición energética sostenible va más allá de un cambio en la fuente de energía y dejar, en el corto plazo, de usar los recursos fósiles. La razón por la cual el mundo aún necesita del petróleo y gas, donde no se puede pretender el abandono total en el uso de estos recursos, es que de acuerdo con la Universidad de Oxford, para el año 2019 el consumo de petróleo y gas representó el 30.93% y 22.67% respectivamente en el total de la energía primaria disponible consumida, mientras que la energía solar, eólica, hidroeléctrica generaron el 9.1% del total. En lo que respecta al futuro de la industria de hidrocarburos, mientras Goldman Sachs señala que la demanda de petróleo crecerá hasta al menos el 2030, el Fondo Monetario Internacional asegura que alcanzará su punto máximo alrededor del 2040. Desde esta perspectiva, se estima un período de transición de combustibles líquidos a sólo gas, que podría durar muchos años más mientras las energías renovables maduran en sus dimensiones técnicas, ambientales y económicas. Habiendo dicho esto, sorprende mucho la cita de la Administración de Información de Energía de EUA, que afirma que los combustibles líquidos representarán aproximadamente el 35% del consumo total de energía de EUA en el 2050, en comparación con el 37% en 2019. Sorpresivamente, una disminución muy marginal. La transición a la energías renovables requerirá de una intensificación muy crítica en la extracción de metales y minerales de tierras raras, con costos ambientales y sociales reales que podrían impactar el planeta en forma más letal que los actuales niveles de emisiones de CO2. Es por esto que, es de vital importancia pensar en sentido de la sostenibilidad energética para el mundo y para nuestro país en particular, desde la coexistencia entre los hidrocarburos y las fuentes de energías renovables, y no desde la eliminación de una de estas. Cada país tiene circunstancias muy particulares en sus canastas energéticas, tipos de industria, retos, riesgos, emisiones y en sus economías en general. Por lo tanto, aplicar un mismo modelo de metodología y cronograma para la transición energética en todos los países puede ser tan errado como no reconocer que la transición energética ya inició y está acá con todas las implicaciones que esta conlleva. Existe una correlación muy clara entre crecimiento económico, consumo de energía primaria y aumento de emisiones C02. En la medida que nuestro país continúe su desarrollo económico es de esperar que aumente el consumo de energía primaria y aumenten las emisiones. Colombia ya cuenta con una matriz energética muy limpia, pues el 25% del consumo de energía primaria viene de fuentes renovables como la hidroelectricidad. En el mundo, el punto de llegada para muchos países es tener una canasta energética más limpia como la tenemos hoy día en nuestro país. De acuerdo con la EIA Colombia produce el 0.25% de emisiones de energía primaria en el mundo, con 0.6% de la población mundial. Así que, reducir este monto a la mitad, como muchos proclaman, poco podría mover la aguja de este KPI Global, pero sí restringiría sustancialmente la capacidad del país de crecer y desarrollarse. Colombia produce 290M Teq anuales de CO2, de este monto, el 30% proviene del sector energético, el otro 70% proviene de otros sectores industriales como la agricultura, la ganadería, la silvicultura y otros usos del suelo. Ecopetrol en su reciente reporte sobre transición energética y descarbonización afirma que, entre 2010 y 2020 ha logrado disminuir las emisiones en 8.4M Teq de CO2. El Gobierno se comprometió a disminuir 170M Teq anuales de CO2 para el año 2030, frente a casi 291M Teq de CO2 anuales en Colombia en el 2020, y no establece claramente cómo se va a llegar allá. Las preguntas serían: ¿De qué manera creceremos como país con respecto al 2020? ¿Cuáles serán los impactos en la sostenibilidad nacional para lograrlo? ¿Aplicaremos el mismo tipo de medidas de reducción de emisiones que se piensan aplicar en la industria de hidrocarburos colombiana en todos los otros sectores del país? Es crítico que la industria energética participe en esta discusión, debido a que este sector es un pilar fundamental para el crecimiento de la economía nacional, y además, es el protagonista principal de la coexistencia energética sostenible hacia un mejor futuro para Colombia. Por lo tanto, debemos salvaguardar y acompañar de manera consciente y responsable la transición energética actual. Está claro entonces que, por muchos años los hidrocarburos serán gran parte de la canasta energética a nivel mundial, que el sector es y será protagonista de la transición energética y que el gas será el hidrocarburo más longevo en esta
Viviendo el presente

El calentamiento global es una realidad de nuestro presente, y de manera responsable estamos saludando el futuro con las acciones correspondientes para mitigar este impacto. En todo problema se identifican oportunidades, y es aquí en donde la migración hacia energías con menor impacto en la huella de carbono es una meta estratégica en las compañías del sector de hidrocarburos. Quienes no consideren acciones que redunden en la descarbonización de su industria, poco a poco irán perdiendo espacio y mercado importante. Para dar un ejemplo, China es quizás hoy en día quien cuenta con la mayor cantidad de autos eléctricos en circulación a nivel mundial. En 2019 vendieron 1,2 millones, más unidades que en el resto del mundo, donde se registraron 1,05 millones; y es a la vez es un gran exportador de paneles solares. Sin embargo, esto no significa que sus minas de carbón, fuente de generación de energía, vayan a ser cerradas. El desafío es cómo se logra la adaptación a un nuevo entorno, sin dejar de ser un jugador importante y supliendo sus necesidades internas. China, como gran importador de petróleo y experto en transformar materia prima en productos de exportación, es consciente que el no estar comprometido con la huella de carbono le cerrará muchas puertas, y es que representan el 30% de todas las emisiones mundiales, con más de 10.065 millones de toneladas de CO2 emitido y con el ostentoso compromiso de cero emisiones al 2060. Esto mismo aplica a cualquier país en vía de desarrollo, en donde el impacto en el calentamiento global es muy bajo, pero que, si no se demuestran compromisos y acciones concretas, vendrán bastantes problemas para mantener o consolidar los negocios internacionales que soportan las economías. Tal es el caso de Colombia, que de acuerdo con la EIA, produce el 0.25% de emisiones de energía primaria en el mundo, con 0.6% de la población mundial. Así que, reducir este monto a la mitad poco podría mover la aguja de este KPI Global. La tecnología jugará un rol muy importante en todas las iniciativas para alcanzar la descarbonización. Como lo indica Daniel Yergin en su libro “The New Map”, la industria automotriz está sometida a un gran reto: vehículos a gasolina mejorada V.S vehículos eléctricos. Hay que vivir el presente y afrontar los retos que este nos depara, premisa que deben entender aquellos que culpan a los combustibles fósiles de todos los males y que reclaman acciones inmediatas. Todo proceso de transformación requiere de un plan estructurado en donde todas las variables sean consideradas, valoradas, y se cuente con planes de mitigación, en donde aplique. La tecnología seguirá dando grandes saltos, pero la invitación es a vivir el presente. Los carros eléctricos requieren de energía y esta proviene de los combustibles fósiles, de las hidroeléctricas y ahora de otras fuentes renovables. Estas últimas requieren de perfeccionamiento, surtir su curva de aprendizaje y garantizar la confiabilidad, a su vez la canasta energética requiere ser balanceada y para esto hay que invertir en investigación y desarrollo, y estos recursos se obtendrán en buena medida de los combustibles fósiles. Al final, es todo un ciclo que combina tecnología con modelos de negocio y cuyo objetivo es capturar mercado. Óscar Díaz Martínez Presidente de la Junta Directiva Acipet.
Vaso medio lleno o medio vacío

Después de la polémica por la compra de ISA por parte de Ecopetrol en 14,23 billones de pesos para la adquisición del 51,4%, dos temas han de tenerse en cuenta para un análisis objetivo de esta transacción: lo referente al ámbito comercial y su efecto en las finanzas del Estado; y la estrategia de Ecopetrol hacia su proyecto de descarbonización. El primer tema y quizás el más debatido, es el endeudamiento con el cual la estatal ha procedido, dejando poco espacio para continuar con la exploración en busca de incrementar sus reservas de hidrocarburos. El país en la última década ha disminuido de forma significativa este programa, de acuerdo con Campetrol, en lo que va del año se han perforado únicamente 12 pozos, incluyendo a Ecopetrol y todas las empresas que tienen actividad en el país. En cuanto a la autosuficiencia energética, se requiere el reemplazo de las reservas que se consumen al año con la producción de petróleo y gas, y una de las formas de lograrlo es con actividad exploratoria, precisamente para el hallazgo de nuevos yacimientos. El concepto es muy simple: si lo miramos desde el abastecimiento básico en nuestros hogares, lo que se toma de la despensa se debe reemplazar, de lo contrario las existencias se agotarán. El segundo tema es la integración vertical, que busca la estatal a lo largo de toda la cadena de valor del ciclo energético, tal como lo ha venido haciendo principalmente con el petróleo. Ahora, uno de los segmentos que más valor agregado le han adicionado a Ecopetrol fue la creación de Cenit en el 2013 y con lo que se da la integración del sistema de transporte por ductos a lo largo del territorio nacional (Ocensa, Oleoducto de Llanos, Bicenterio y Oleoducto de Colombia). Lo anterior es relevante dado que, con la compra de ISA, Ecopetrol busca ocupar un espacio bien posicionado en el transporte de energía. Si con Cenit fue necesario una consolidación, con ISA el camino está muy bien recorrido. Se podría decir entonces que Cenit es al transporte de hidrocarburos como ISA al transporte de energía. Ahora lo que viene es que Ecopetrol siga trabajando con sus proyectos de generación a través de otras fuentes de energía como la solar o la eólica, las cuáles ya están en marcha, más todo lo relacionado con el hidrógeno como materia prima de otras formas no dependientes de los combustibles fósiles, todas ellas que podrían correlacionarse con el “upstream”. Si bien es cierto que no realizar actividad exploratoria es preocupante por la autosuficiencia energética, que no ha sido fácil de mantener. Por otro lado, es una noticia alentadora seguir avanzando con una estrategia en la transición hacia renovables y otras fuentes de energía, y cuyo único fin es migrar hacia la descarbonización, teniendo en cuenta que la meta de Ecopetrol al 2050 es llegar a cero emisiones netas. Lo peor que le puede pasar a una empresa como Ecopetrol es dejar pasar el tiempo y las oportunidades. Incrementar la actividad exploratoria es una necesidad del presente y con ISA se cristaliza una buena oportunidad mirando al futuro. El vaso se seguirá mirando medio lleno o medio vacío, lo cual es y seguirá siendo parte de nuestra naturaleza humana. Óscar Díaz Martínez Presidente de la Junta Directiva de Acipet
Gas: combustible de transición

El Gobierno Nacional con la Ley 2128 del 4 de agosto de 2021 sigue dando cumplimiento a su hoja de ruta contemplada en el Plan Energético Nacional 2020-2050. Esta Ley que promueve el abastecimiento, la confiabilidad y cobertura del gas combustible en el país, está alineada con la premisa que el gas es el combustible de la transición hacia renovables y otras fuentes de energía. De acuerdo con el Dane, cerca de 2 millones de personas en Colombia utilizan leña como fuente primaria de energía, debido a que las zonas a que pertenecen no están conectadas a una infraestructura de suministro de gas. Por tanto, se busca dar el cubrimiento correspondiente mediante alianzas con la industria privada, para llevar el gas distribuido por cilindros (GLP) a estos puntos de difícil acceso. Como complemento, se otorgarán subsidios hasta del 50% para el estrato 1 y del 40% para el estrato 2. En ese sentido, La Ley también busca que aquellas regiones no interconectadas a la red nacional y que generan energía con diésel, realicen la transición mediante la identificación de soluciones sostenibles. Uno de los principales objetivos de la Ley es la Declaratoria de Interés Nacional y Estratégico de la masificación del gas natural, por lo que se deberán implementar políticas públicas que garanticen en los próximos 10 años que al menos un 30% de la nueva flota vehicular y al menos el 30% del transporte de carga, haya migrado hacia el gas natural. Es así como exoneración del pico y placa o del día sin carro, pago de impuestos no mayor al 1% del valor comercial de los vehículos, descuento del 30% en la revisión técnico-mecánica y descuento del 10% en el seguro obligatorio (SOAT), son entre otros, los beneficios que se otorgan. Como el sector de exploración y producción de hidrocarburos no se podía dejar de lado, se promueve la integración de los hallazgos de gas costa afuera a los sistemas de transporte existentes. Para esto, la Comisión de Regulación de Energía y Gas deberá realizar una actualización de las tarifas de transporte de gas. En conclusión, el mensaje del Gobierno Nacional con esta Ley es su convencimiento y alineamiento con la necesidad de balancear la canasta energética, tal como lo ha establecido en su Plan Energético Nacional. Para esto, y utilizando el gas como el combustible de la transición, se busca: (i) dejar la leña como medio de generación de energía en los hogares más vulnerables, (ii) llevar el gas natural, en este caso el GLP, hacia las zonas más remotas del país, (iii) identificar e implementar los proyectos para el reemplazo del diésel por gas en la generación de energía en aquellas regiones no conectadas al Sistema Nacional, (iv) la creación de políticas públicas que permitan que al menos el 30% de la nueva flota vehicular funcionen a gas y (v) la integración de los hallazgos de gas costa afuera con los sistemas de trasporte existentes. Lo anterior es muestra que los combustibles fósiles seguirán siendo el eje de la canasta energética para los próximos años, y de los cuales se obtendrán un gran porcentaje de los recursos que financiarán la transición hacia renovables y otras fuentes de energía, tema muy de moda en estos tiempos. Es aquí en donde se ratifica al gas como el combustible de la transición. Óscar Díaz Martínez Presidente de la Junta Directiva de Acipet
Hidrocarburos: Ecuador vs. Colombia… ¡que inicie el Juego!

En diferentes oportunidades hemos hecho un llamado para la reactivación y crecimiento de la industria de hidrocarburos colombiana, mediante un esfuerzo integrado para maximizar la producción existente e incrementar considerablemente nuestras reservas de hidrocarburos. Todo esto es siempre de vital importancia para la Nación, y más aún en la actualidad que tenemos unas altas cotizaciones del petróleo, que nos abren la oportunidad de recuperar la industria y potenciar la economía del país con beneficios colectivos significativos para todos. Es por lo que una estrategia importante es dar un vistazo a la actividad petrolera de nuestros países vecinos, con el ánimo de imitar y mejorar lo bueno, o estudiar las curvas de aprendizaje. Tal es el caso de Ecuador, donde la nueva política petrolera anunciada por el gobierno del Presidente Lasso, da un paso adelante para estimular su reactivación, apuntándole a un crecimiento significativo de la misma. Lo anterior, sustentado en cuatro pilares donde se establecen nuevos marcos regulatorios que provean seguridad jurídica; atracción de inversiones con licitaciones, delegación de operaciones a la iniciativa privada, proyectos de mejora y modernización del sistema de transporte; mejorar la eficiencia de Petroecuador y mayor transparencia. Mientras que Ecuador cuenta con una extensión de 256,370 km2, Colombia tiene 1,141,748 km2. Ecuador tiene más de 17.5 millones de habitantes, mientras que la población de Colombia es de más de 50 millones. El PIB ecuatoriano tuvo un crecimiento en el año 2019 de 0.012%, entretanto que el colombiano fue de 3.28%. La Pandemia impactó el PIB de Ecuador y lo redujo en el 2020 a -7.75% con respecto al año anterior, mientras que en Colombia el PIB del 2020 disminuyó hasta a -6.84%. Se espera que Ecuador reporte un PIB de 2.8% a fin de año, mientras que los pronósticos para Colombia son entre 4.5% y 6.5% para el 2021. De acuerdo con el gobierno ecuatoriano, las reservas 1P de Ecuador a diciembre 2020 fueron de 1,300 Millones de barriles y 385 GPC de gas, mientras que Colombia reportó 1,816 millones de barriles y 2,949 GPC de gas. Lo que significa 7.1 años de autosuficiencia para Ecuador en líquidos y 19.7 años en gas, mientras que para Colombia se habla de una autosuficiencia de 6.3 años en líquidos y 7.7 años en gas. La producción diaria promedio de hidrocarburos en Ecuador fue de 479,000 bpd para el año 2020 y 10.66 MPCD de gas, mientras que estas mismas variables en Colombia fueron de 781,000 bpd promedio y 1,041 MPCD promedio para el 2020. Cabe resaltar que, empresas como Gran Tierra manejan 24 bloques (8 en producción y 16 en exploración) en Colombia y en Ecuador tiene operación con tres bloques; Geopark a su vez tiene 8 bloques (1 en producción y 7 en exploración) en Colombia y el Bloque Espejo en Ecuador; y por su parte Frontera tiene 25 bloques (11 en producción y 14 en exploración) en el país y en el país vecino tiene el bloque Perico. Ecuador y Colombia tienen muchas similitudes al igual que diferencias en sus industrias de hidrocarburos, en sus políticas, ideologías y economías en general, y el ritmo en que se mueven las decisiones estratégicas en cada país es diferente. Cuando Ecuador tomó la decisión de ejecutar un plan de infraestructuras y vías 4G, lo hizo y en forma contundente. En Colombia aún estamos pensando muchas cosas y resolviendo conflictos internos para materializar este importantísimo proyecto de nuestro plan estratégico como país. Ahora, estas son decisiones que afectan a todo un país y son multifactoriales, pero Ecuador nos lleva ventaja en la forma de tomar decisiones estratégicas y en la ejecución oportuna de las mismas. Por eso, después de renovar su política petrolera, Ecuador le apunta a doblar su producción y reservas actuales en cinco años. Hay una alta probabilidad que Ecuador lo logre y lleve su producción a 1 millón de bpd y sus reservas de hidrocarburos líquidos a 2,600 millones de barriles. ¿Podríamos nosotros hacer lo mismo como país? ¿Apuntar a 1.5 de millones de bpd de producción hidrocarburos líquidos y unas reservas de 3,600 millones de barriles? Para alcanzar esta meta es necesario que en Colombia encaminemos esfuerzos efectivos, las cifras del Ministerio de Minas y Energía son alarmantes, donde señalan que la producción promedio de petróleo durante del primer semestre del 2021 fue de 729,952 barriles. Este resultado denota una caída del 10.2 % frente al mismo periodo de 2020, cuando se tuvo una producción de 812,927 barriles día y estábamos enfrentando la crisis por la pandemia. Como país urge el apalancamiento del sector energético como un compromiso nacional. Si queremos proyectarnos al igual que Ecuador o mejor aún, lo que no podemos continuar haciendo en Colombia es avanzar como un país donde priman los intereses particulares por encima de los colectivos; en donde la propiedad privada es de mayor importancia a la de las instituciones o empresas que trabajan por el bien colectivo y sostenible; en donde cada toma de decisiones tiene tantos focos que es imposible unificar o por lo menos en un tiempo apropiado para cada proyecto; en donde cada diálogo comienza en posiciones a años luz de distancia (como propósito estratégico), para luego perpetuar este hasta que ya todo sea simplemente procrastinar, o el resultado final acordado ya sea irrelevante e inoportuno para el problema planteado originalmente. Aprendamos lo que tengamos que aprender de Ecuador, nuestro vecino, aliado estratégico y competidor. Una vez más nos urge integrarnos como país y lograr una concertación estratégica muy ágil entre el Gobierno, las empresas, los gremios, las comunidades y todos los grupos de interés de la industria de hidrocarburos, para que de esta manera aprovechemos las oportunidades de las actuales altas cotizaciones y poder así sacar avante a la industria energética y a Colombia en forma sostenible, buscando un futuro mejor para todos como país. Luis Guillermo Acosta Director Ejecutivo de Acipet